Imagina despertar una mañana y no sentir entusiasmo, sino un peso: la rutina, el tedio, el miedo sin nombre. No se trata de una depresión cualquiera, sino de una lucidez brutal. Esa que revela que vivir no es solo existir, que crear no es sinónimo de estar en paz, y que el alma, a veces, camina descalza entre el barro y el oro.
Hermann Hesse, con la crudeza de quien ha conocido la embriaguez de lo sublime y también la resaca de la vida, nos enfrenta al dilema del artista, del caminante, del humano que ya no puede fingir. En este fragmento de su obra, se despoja del disfraz del sabio para mostrarnos lo que pocos se atreven a confesar: el alma no siempre está en armonía, pero quizás, en su tormenta, se encuentra su verdad más profunda.
Este no es un texto para quien busca consuelo, sino para quien se atreve a mirar adentro sin cerrar los ojos.
El Caminante
«Sé por qué es así. No es el vino que bebí ayer, ni que haya dormido en una mala cama, ni tampoco el tiempo lluvioso. Han aparecido unos demonios y han desafinado una por una todas las cuerdas de mi ser.
Ha vuelto el temor, el miedo de las pesadillas infantiles, de los cuentos, del destino de los colegiales. El temor, el acoso de lo inalterable, la melancolía, el tedio. ¡Qué insulso es el mundo! ¡Qué horrible tener que levantarse mañana, volver a comer, volver a vivir! ¿Por qué hemos de vivir? ¿Por qué es el hombre tan tímido y bonachón? ¿Por qué no yacemos desde hace tiempo en el mar?
Ni siquiera ha crecido la hierba. No se puede ser vagabundo y artista y al mismo tiempo un burgués sano y cuerdo. Si quieres embriaguez, ¡acepta también la resaca! Si quieres sol y bellas fantasías, ¡acepta también la suciedad y el hastío! Todo está dentro de ti, el oro y el barro, el deleite y la pena, la risa infantil y la angustia moral. ¡Acéptalo todo, no te aflijas por nada, no intentes rehuir nada! No eres un burgués, tampoco eres un griego, no eres armónico y dueño de ti mismo, eres un pájaro en plena tormenta. ¡Déjala rugir! ¡Déjate llevar! ¡Cuánto has mentido! ¡Cuántas miles de veces, incluso en tus libros y poesías, has fingido ser el armonioso y sabio, el feliz, el iluminado! ¡Lo mismo han fingido ser los héroes al atacar en la guerra, mientras las entrañas temblaban! ¡Dios mío, qué simiesco y fanfarrón es el hombre, sobre todo el artista, sobre todo el poeta, sobre todo yo!»
Por: Hermann Hesse
